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Artrosis: lo que realmente debes entender
La artrosis, también conocida como osteoartritis, es una de las enfermedades articulares más frecuentes a nivel mundial. Afecta a más de 300 millones de personas, lo que representa aproximadamente el 30 % de la población mundial, y suele manifestarse a partir de la cuarta y quinta década de vida. Es, además, una de las principales causas de dolor crónico, discapacidad funcional y pérdida de autonomía, especialmente en adultos mayores.
Sin embargo, existe un punto clave que aún genera confusión tanto en pacientes como en algunos abordajes clínicos tradicionales: la artrosis no es únicamente un problema del cartílago.
¿Qué es realmente la artrosis?
La artrosis es una enfermedad osteoarticular crónica, de origen mecánico y metabólico, en la que se produce un proceso degenerativo progresivo del cartílago articular, acompañado de alteraciones estructurales y funcionales en los tejidos adyacentes.
No se trata de una patología aislada del cartílago, sino de una condición que compromete a toda la articulación como unidad funcional, incluyendo:
- El hueso subcondral
- La cápsula articular
- Los ligamentos
- El líquido sinovial
- La musculatura periarticular
Por esta razón, reducir la artrosis a un simple “desgaste del cartílago” constituye un error conceptual que limita su correcto manejo terapéutico.
¿A quién afecta con mayor frecuencia?
La artrosis presenta una mayor prevalencia en mujeres (≈18%) en comparación con hombres (≈10 %) y afecta a más del 50 % de los adultos mayores. Las articulaciones más comprometidas suelen ser la rodilla y la cadera, debido a que soportan elevadas cargas mecánicas durante las actividades de la vida diaria.
En fases avanzadas de la enfermedad, cuando el tratamiento conservador no logra controlar los síntomas ni preservar la función, muchas personas terminan requiriendo una artroplastia, es decir, la colocación de una prótesis articular.
Esto lleva inevitablemente a la pregunta central: ¿por qué se desarrolla la artrosis?
¿Por qué se desarrolla la artrosis?
La artrosis no aparece de forma súbita. Es el resultado de un proceso acumulativo y progresivo, en el que interactúan múltiples factores de riesgo a lo largo del tiempo. Entre los más relevantes se encuentran:


No obstante, existe un factor que se repite de forma constante en la mayoría de los pacientes: el sobrepeso y la obesidad. Se ha demostrado que el grado de obesidad es proporcional al desgaste articular, no solo por el aumento de carga mecánica, sino también por los factores metabólicos asociados, como el incremento de LDL, que interfiere con los procesos de regeneración articular, y la frecuente coexistencia de hipertensión arterial y estados inflamatorios crónicos.

El círculo vicioso de la artrosis

Desde el punto de vista fisiopatológico, la artrosis funciona como un círculo vicioso. El proceso suele iniciar con daño, degeneración o fisuración del cartílago articular. Esto activa mecanismos de remodelado óseo, con neovascularización en el hueso subcondral.
Posteriormente, se desarrolla inflamación sinovial crónica, formación de osteofitos y crecimiento neuronal anómalo, lo que incrementa la percepción del roce articular y genera dolor. De manera paralela, se deterioran las estructuras periarticulares: el hueso se vuelve más esclerótico, los ligamentos aumentan su rigidez y la musculatura se atrofia como consecuencia del desuso.
La inflamación favorece el exceso de líquido sinovial, lo que produce distensión capsular, inhibición neuromuscular y mayor atrofia muscular. A nivel celular, el entorno catabólico conduce a la apoptosis de los condrocitos, es decir, a una pérdida progresiva del cartílago con intentos de reparación insuficientes.
Todo este proceso genera dolor y miedo al movimiento, lo que reduce aún más la actividad muscular. Al perderse el músculo —principal amortiguador articular— la articulación se vuelve más vulnerable, reiniciando y perpetuando el ciclo degenerativo.
Impacto en la calidad de vida
Las personas con artrosis suelen presentar episodios de dolor articular profundo de al menos 30 minutos, rigidez matutina, disminución de la movilidad, crepitación, inflamación, derrame y deformidad articular progresiva.
Más allá de los signos físicos, la artrosis limita significativamente las actividades de la vida diaria, afecta la salud mental y general del individuo y genera miedo al movimiento, favoreciendo el sedentarismo y amplificando los factores de riesgo. En muchos casos, se desarrolla sensibilización central, un fenómeno en el cual el sistema nervioso amplifica la percepción del dolor, incluso cuando el daño estructural no es severo.
Por ello, es fundamental comprender que no todo el dolor en la artrosis proviene directamente del cartílago.
¿Cuál es el tratamiento más efectivo?
Contrario a la creencia popular, el tratamiento de primera línea para la artrosis no es la cirugía ni tampoco la medicación aislada. La evidencia científica señala que la intervención más efectiva es la fisioterapia basada en ejercicio terapéutico, acompañada del control de los factores metabólicos.
Sin embargo, no cualquier ejercicio resulta beneficioso. El programa debe ser:
- Correctamente dosificado
- De bajo impacto articular
- Sin provocar dolor
- Basado en movimientos globales
- Orientado a objetivos funcionales
El ejercicio aeróbico y de fuerza, cuando se prescribe de forma adecuada, puede reducir hasta un 50 % del dolor, mejorar la función y frenar la progresión de la enfermedad. Este abordaje requiere la intervención de un profesional capacitado en ejercicio terapéutico aplicado a la artrosis.

El error más común
Uno de los errores más frecuentes en personas con artrosis es dejar de moverse por miedo al dolor. El problema no es el movimiento en sí, sino no saber cómo moverse.
La inactividad debilita la musculatura, incrementa la carga sobre la articulación y acelera la degeneración. Cuando este escenario se combina con obesidad, el proceso se agrava de forma significativa.
Reflexión final
Si bien la artrosis es un proceso irreversible debido a las características anatómicas del cartílago, esto no significa que todo esté perdido. La evidencia demuestra que un tratamiento especializado puede reducir la sintomatología, mejorar la función y disminuir la progresión del deterioro articular.
El ejercicio bien guiado no desgasta la articulación: la protege.
Si tienes artrosis, evita entrenar solo o improvisar. Busca un profesional que comprenda la biomecánica, la fisiología, la nutrición y la correcta dosificación del ejercicio terapéutico. Entrenar y cuidarte adecuadamente puede marcar la diferencia entre convivir con dolor y limitaciones o mantener tu movilidad y autonomía en los años venideros.
